
Te recuerdo echado,
arrinconado sobre una silla anaranjada,
Pitando con energía el faso de cada tarde.
Tus ojos cerrándose
y el humo saliendo amarillento de tu boca entreabierta.
Sentí tu desvanecimiento,
y mi pena creciendo desde lo más profundo.
He comprobado que tu cuerpo no se ha movido de aquel lugar,
de entre los trapos sucios,
tal cual lo habíamos dejado.
1 comentarios:
Bueno una vez mas el pucho post coito logra evadir las direcciones del destino y se personifica en este relato bajo las sabanas de una covacha de recuerdos melosos y de tardecitas de mate cebados y pava caliente, una obra sintetica y lunatica como nos tiene acostumbrado Giordano.
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